¿Alguna vez has querido llamar a tu hijo y te ha salido el nombre de alguna otra persona? Cuando eso suceda y te confundas, es muy probable que llames a tu hijo con el nombre de su hermano o hermana, o bien con el de un familiar o quizás otro ser querido muy allegado a ti. ¿Quieres saber por qué?

Es muy posible que como madres nos haya preocupado que, en algunas ocasiones, confundiéramos el nombre de nuestros hijos, ya que ellos podrían llegar a sentirse mal, sobre todo cuando son muy pequeños. En este sentido, es probable que hayamos asociado esos fallos a la edad, el cansancio o al estrés. Sin embargo, un grupo de expertos ha descubierto que esas afirmaciones no son ciertas. ¡Cero preocupaciones!

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¿Cómo almacena los nombres nuestro cerebro?

Para conocer más sobre esta interesante curiosidad, primero es preciso llegar a conocer muy por encima cómo funciona nuestro cerebro. Como si se tratara de un ordenador, se almacenan los nombres en categorías, por lo que nuestra “carpeta mental” con los nombres de nuestros seres queridos se subdivide a su vez en otras como “hijos”, “familiares”, “hermanos”, “buenos amigos”, etc.

David Rubin, profesor de psicología y neurociencia de la prestigiosa Universidad de Duke (Estados Unidos), señala que cuando queremos acceder a esa información (el nombre de nuestro hijo), en ocasiones se produce un fallo cognitivo y confundimos ese nombre con otro de ese mismo grupo social, es decir, otro hijo. Es por eso que a veces confundimos el nombre de nuestro hijo con el de otro hijo, ya que ambos nombres se almacenan en la misma carpeta. En el mismo sentido, es habitual que confundamos el nombre de un amigo con el de otro, ya que ambos se encuentran en la misma carpeta mental. Sin embargo, no confundiremos el nombre de nuestro hijo con el de un amigo, ya que esos nombres se almacenan en categorías diferentes. ¡Qué complejo es nuestro cerebro!

En este estudio participaron 1.700 personas y como curiosidad, cabe destacar que algunas personas confundieron el nombre de sus mascotas con el de sus familiares. Esto quiere decir que hay gente que tiene a sus mascotas en el mismo “compartimento mental” que el de su familia. Curioso, ¿verdad?

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