El próximo espectáculo del Circo del Sol bien podría tener como temática un día cualquiera en la vida de una mujer porque la capacidad de acrobacia, concentración y equilibrio que hemos desarrollado merece todo un tributo con focos de colores y banda sonora.

Les aseguro, señoras y señores, que ser una mujer moderna implica cumplir todos los requisitos de un atleta de élite: entrenar siete días a la semana, renunciar al tiempo libre y la vida social, realizar pruebas de resistencia física, competir para escalar puestos, seguir una dieta estricta, constancia, disciplina y una gran fuerza mental para aguantar la presión. Todo ello sin dopaje, sin patrocinios y sin personal trainer.

Nuestro nombre artístico es “la súper mujer” y cuando salimos a escena lucimos nuestra mejor sonrisa, que parezca que llevamos toda la vida haciéndolo. ¿Que hay que pasarse por el súper, recoger a los niños y poner lavadoras después de trabajar? Chupao, y entre secadora y plancha aprovechamos para hacernos las ingles brasileñas y diseñar la invitación de cumpleaños de nuestros hijos para que la lleven al cole al día siguiente. No se nos olvide el Bikram Yoga de las ocho, que es desestresante. Mientras mantenemos la postura del camello podemos repasar mentalmente la reunión con el encargado de ventas y hacer los cálculos de las facturas que aún nos quedan por cobrar. Si nos hace crack la columna vertebral, no pasa nada, buscamos un Gelocatil en el bolso en algún lugar entre las llaves, barritas energéticas, pintalabios, móvil, agenda, tiritas, horquillas, iPad, tickets y Tampax fuera del envoltorio…. Nos lo tomamos y tiramos ‘palante’ que nosotras podemos con todo.

Acabamos de celebrar el día 8 de marzo los logros conseguidos en el ámbito laboral, pero la realidad es que aún nos queda mucho para considerarnos en igualdad. Las mujeres hemos trabajado siempre, otra cosa es que nos hayan remunerado por ello. Los cuidados domésticos y familiares sostienen la economía mundial, y gracias a ellos, los trabajadores visibles cobran dinero. A las mujeres no sólo no se nos reconoce esta labor sino que es penalizada a la hora de acceder al mercado laboral, con menos contratos y con sueldos más bajos. Menudas gimnastas de élite sin medalla ni salario.

Los atletas de verdad cuidan su cuerpo para estar fuertes y conseguir sus objetivos, a nosotras nos aconsejan desnutrirlo con todo tipo de dietas milagro: la de la sopa de cebolla, la del sirope de savia, la de los potitos.

Los atletas de verdad tienen coaches que saben motivarles, mientras nosotras tratamos de encajar a diario mensajes como “tú no puedes”, “no eres suficiente”, “no tienes ni idea”, “nunca lo lograrás”. Por eso, y porque la sociedad tiene asumido que pertenecemos a una especie inferior, tenemos que demostrar constantemente más que los demás y pedir menos, porque ya hemos interiorizado que no nos lo merecemos. Este training es total.

Los atletas de verdad usan zapatillas “High Pro Elite 2000” con Impact Guidance ySlip Lasting que dan estabilidad y confort para obtener mayor rendimiento en cada pisada. Nosotras tenemos que mantenernos de puntillas sobre unos palos finísimos también llamados tacones que lejos de protegernos nos destrozan la espalda y las articulaciones acompañando cada paso de estimulantes descargas y calambres. El modelo falda tubo ajustada lo debió diseñar el mismo que patentó los tacones: el objetivo es que no podamos llegar muy lejos.

Los atletas de verdad cuidan su cuerpo para estar fuertes y conseguir sus objetivos, a nosotras nos aconsejan desnutrirlo con todo tipo de dietas milagro: la de la sopa de cebolla, la del sirope de savia, la de los potitos… son ideales para aguantar la jornada dándolo todo. ¡Es no comer y es que te entra una energía!

Realizar malabares no dista mucho de lo que hacemos las mujeres todos los días. Sólo nos falta la música de Benny Hill, el ritmo acelerado ya lo llevamos en el cuerpo.

Lo que reclama es algo tan lógico como el reparto equitativo de tareas entre hombres y mujeres, ser valoradas por lo que hacemos sin tener que demostrar el doble, ser remuneradas igual que nuestros compañeros. Que traer hijos al mundo no esté penalizado laboralmente sino que sea mayor motivo para contratar, que nuestro cuerpo sea tratado con respeto y no como algo que hay que anular.

Que nos vean, que nos echen una mano. Que políticos, empresarios y parejas tomen de una vez por todas su parte de responsabilidad.

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